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El rincón de la ignominia |
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La frase del día:
A veces la propia felicidad depende de lograr hacer feliz a alguien más Reflexión |
Pequeño angel
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* Estelas por estrellas * | Friday, May 9, 2003
En una noche del 5 de enero (justo antes del día de Reyes) una niña pequeña escribía su carta de peticiones. Una de ellas era un pequeño auto para sus muñecas, era algo que anhelaba y esperaba con mucha ilusión. Cuál fue su sorpresa cuando a la mañana siguiente encontró ante su zapato sí, un pequeño auto... pero era demasiado pequeño, sus muñecas no podían entrar en él. ¿Por qué si había pedido un carro para sus muñecas no había sido posible obtenerlo? ¿acaso era tan dificil? De mala gana recibió el regalo ese día. Pero después se dio cuenta de que en ese carro podía pasear a todos sus otros juguetes, ¡era sensacional!, cuántas horas con ese regalo fallido, cuántas historias labradas en su mundo infantil que le otorgarían tantos y tantos gratos recuerdos en los años venideros. El carro no fue de muñecas... pero fue mucho más útil de lo que ella había pedido, y después de eso lo apreció más.
Es una burda analogía, pero es que esa fue la primera vez que una ilusión de esa pequeña se materializó en algo que ella no quería... pero que sería mucho mejor con el paso del tiempo. Son los regalos mejorados, los que vienen a tí cuando pediste algo distinto y te transforman la vida de una mejor manera de lo que tu primera petición hubiera podido lograr. A veces estamos cegados por el simple deseo de conseguir eso que tanto queremos, lo anhelamos con el alma y estaríamos dispuestos a entregar el corazón para lograrlo. Pero entonces se da la media vuelta y se va, restregándote su ausencia, burlándose de tu nostalgia, aún titilando la estrella ya muy lejos viajando más allá del manto de la noche, como hablándote todavía, como anunciándote su partida para que recuerdes que no vas a volver a verla jamás. La primera vez me deshice en llanto estirando los brazos para alcanzar a la estrella que volaba libre por el cielo. Pero después de un tiempo me di cuenta de que la estela que había dejado al partir tan fugaz me envolvía y se quedaba para siempre en mi piel, haciéndome brillante, haciéndome fuerte y haciéndome sonreír. Cada vez que he visto otra estrella partir algo se queda conmigo, y mientras más he admirado esa estrella es más grande el regalo mejorado. Por eso ahora que veo una estrella partir de mi tupido manto estelar le miro alejarse tranquila y espero su estela. Un día de repente me fijé en una estrella que brillaba de manera peculiar, y la admiré durante mucho tiempo hasta que empezó a hacerse más brillante, tanto que era más grande y más hermosa... pero olvidé que al hacer eso estaba muriendo. Sentí nostalgia de ver sucumbir esa super-nova... pero ya me estoy envolviendo en su regalo, el más grande de todos. Es una hermosa idea que no debemos olvidar cuando no conseguimos exactamente lo que queremos, después de todo nos estamos volviendo más fuertes. Aún no sé... si con las estelas que me he quedado me han devuelto alguna estrella que anhelé alguna vez en el pasado. Probablemente sí. Pero es inevitable... seguiré admirando las estrellas y las anhelaré para mí, aunque con ese hecho esté invocando su eterna partida. by N i T a at 08:19 a.m. |
* Pasando por alto * | Friday, May 2, 2003
Caminando por la calle en la mañana, con un poco de prisa y observando al autobús allá a lo lejos partir... ¡¡no!! ¿por qué a mí? Justo cuando más lo necesitas se pasa frente a tí y sin poder pararlo. Bueno, qué más da, esperaré otro, al fin y al cabo, autobuses vienen autobuses se van.
Y pensando en mil cosas, todo da vueltas en la cabeza, la gente se está volviendo loca con esto del fin de semestre. Demonios... ¿es posible que hallan pasado 8 semestres en esta universidad sin que me haya percatado de ellos? Simplemente parece que se me escurrieron de las manos, aunque lucho por guardar en el cofre de los recuerdos los mejores ratos. Bueno, semestres vienen y semestres se van. Pero ella está de lo más alterada: escuchó una conversación que no debió haber escuchado... quizás. Una chica hablando mal de ella a un profesor, ¡patético!, y justo cuando entra a verle todavía el muy idiota se lo creyó todo, la puso sobre aviso de la recomendación estúpida de la chica que había estado hablando mal de ella. Qué remedio más le queda que pasarlo por alto, hablar con el profesor y cortar la amistad de la otra... conspiraciones vienen conspiraciones se van. Quizás... también él tenía razón: amistades vienen... amistades se van. Y permanezco aislada, ya no sabiendo qué hacer siquiera. Él la está abrazando y ella es feliz entre su cariño. Algunos recuerdos vuelven, algunas sonrisas, algunos abrazos y me río con ellos... pero la realidad está ante mis ojos y aterrizo nuevamente desdibujando la sonrisa de mi rostro. Quién sabe qué pueda pasar después... quizás ellos se hagan novios y una buena relación quede atrás y se pierda para siempre en el olvido. Amores vienen... amores se van. Ahora me dicen... que él estuvo hablando de mí, que conocía mis procederes y se atrevió a dar testimonio de mis actitudes concluyendo algo totalmente incierto. Lo que yo hice en el pasado tuvo otras razones... no es cierto lo que él dice saber de mí ¡qué coraje! No hago caso, comentarios vienen y comentarios se van. Y al atardecer me pongo a pensar en lo que dije por la mañana. Estaba un poco enojada, es que fue algo que me molesta, pero ella no tenía la culpa de mi mal humor, pude habérselo dicho de una mejor forma. Entonces pediré disculpas, al fin y al cabo, pleitos vienen pleitos se van. Ahora que lo pienso, no tengo un pensamiento concreto para plasmar, todas las ideas se me amotinan en la mente, todo me perturba un poco, pero después recuerdo que no vale la pena angustiarse por todas las cosas que me pasan... aunque algunas no sean tan buenas. Quizás es uno de esas etapas en las que prefiero pensar en todo para mantenerme ocupada, para soplar un poco de actividad y dejar en paz las historias que acabo de archivar y encerrar en el lócker de tiempo pasado. Se que no hay un sentido en todo esto, solo es un puñado de pensamientos, cada uno tiene una historia que ahora me preocupa resolverla... pero mejor no me ocupo en alguna específicamente, no por ahora, no quiero aturdirme más. Pensamientos vienen... pensamientos se van. by N i T a at 09:11 a.m. |
* Presiones y disculpas * | Friday, April 25, 2003
Son los últimos tiempos del período escolar, mis tiempos más violentos... la tensión, las presiones, los trabajos, los exámenes, las calificaciones, las expectativas... tantas cosas.
Se me impide ocupar la mente en las idolatradas profundidades de la vida misma, los razonamientos lógicos e ilógicos, los análisis de lo bueno y de lo malo, los cuales transformo en lecturas para todos ustedes. Es por eso que he de pedir unas tremendas DISCULPAS Estos tiempos violentos me impiden mantener este espacio actualizado como se merece. Gracias y nos vemos pronto. by N i T a at 08:40 a.m. |
* De triunfos y derrotas * | Wednesday, April 16, 2003
La jornada había sido larga, la noche pasada aún más, las cosas que había tenido que hacer eran varias... ahora habían terminado y no quedaba más remedio que esperar y esperar.
Ya sólo esperábamos sentados en el lugar que habíamos reservado por varias horas, para presenciar el momento del anuncio. Nos rodeaban multitudes que apoyaban a uno o a otro, el bullicio lo conformaban las porras, los gritos, las risas, los ánimos, pero más que nada los nervios, la angustia y la tensión presentes en el aire, tanto que casi podías tocarlos. Ya no había mesas desocupadas, ya ni siquiera era posible caminar de tanta gente que se encontraba en ese lugar ya de por sí solicitado. Todas las miradas se fijaban en la pantalla que transmitía a las personas allá arriba... a donde no podían subir todos. Entonces solicitaron un testigo para subir la escalera... había llegado el momento. Cuando la vi su mirada reflejaba una tensión impresionante, no quería hacerse ilusiones, tantos viejos recuerdos nos habían dejado un muy mal sabor de boca: las trampas, las amonestaciones, las injusticias y los cinco puntos de diferencia que nos dejaron rozando un sueño. Esa vez todo fue anticipado, esa vez lo planeamos a la perfección, las estrategias y los diálogos. Ahora había sido todo de olla express: "es cuando no lo planeas cuando todo sale bien" fue lo que dijo nuestro compañero ausente en medio de una sonrisa nerviosa cuando tuvo que irse para dejarnos solos en este encuentro. Hacía unas horas ella había conversado con otro compañero, que esperaba el anuncio con nosotros: "no voy a soportar una derrota", fue lo que le dijo con lágrimas en los ojos. Ciertamente ella ya había soportado una derrota, sabía lo que se sentía, sabía lo que significaba intentarlo otra vez a pesar de eso, se limitaba a leer el mensaje anónimo alusivo a ese tema "pobres loosers, segunda oportunidad y ni así pueden". Le dije que hiciera caso omiso de la amargura de ese anónimo, caso omiso de la tensión del compañero que se había saboreado una victoria hacía un año y que ahora no soportaría perder, caso omiso... de nuestra derrota. Nos limitamos a hacer estadísticas, para calmar la ansiedad, calcular el número que conformaría la definición entre ellos y nosotros, entre el ganar y el perder, por si acaso lo veíamos anotado en la pizarra por la pantalla, por si acaso fuera lo primero que llegaran a mencionar antes de hacer cualquier anuncio y así sabríamos más rápido la respuesta... con algunos segundos de diferencia. Eran tantas las porras, unos gritaban por allá el nombre de su preferencia, nosotros nos amontonábamos en la mesa, tragando saliva, con los ojos fijos en la pantalla y nuestros contrincantes hacían lo mismo en el otro extremo de la sala... se negaron a sentarse con nosotros. Un tipo en la pantalla tomó el micrófono: "los resultados para..." sabíamos que éramos nosotros, entonces toda la tensión se volvió más aguda pero a la vez se desvanecía poco a poco. Entonces oímos la cifra que nos daba la respuesta que queríamos saber, y la tensión se fue y el alivio se vino y la felicidad nos embriagó el alma haciéndonos estallar en vítores y abrazos... y, después de la angustia y los esfuerzos y los desvelos y de todo, por fin saboreamos la victoria. Entonces se dio cuenta de que la felicidad hacía que un futuro dependiera de ti ahora más directamente, la responsabilidad se venía encima pero la compensación también. Mientras tanto ellos lloraron, se abrazaron y las lágrimas les bañaban las mejillas... a ella también, pero ella estaba contenta. Es inédito este equilibrio que hace a los ganadores a costa de los perdedores (en el buen sentido de la palabra). Las porras seguían, los gritos inundaban la sala aún, los anuncios continuaban pero nosotros abandonábamos el lugar con la mirada puesta en nuestros ex-contrincantes... al compás de su llanto se escuchaban los gritos. Y les dejamos atrás, esta vez nosotros nos llevábamos el triunfo... y ellos la derrota. by N i T a at 07:01 p.m. |
* Ley de Murphy * | Tuesday, April 8, 2003
¿No les ha pasado que siempre ven... tooodos los días... el libro de una clase y, cuando lo necesitan en serio, no lo encuentran nunca? Lo peor del caso es que lo buscan como desesperados por todas partes y bueno... ya no lo encontraste. Pero justo al día siguiente, cuando ya dejas de necesitarlo otra vez... ahí está.
Quién sabe, quizás exista algún tipo de complot chaneque organizado, que se encargue de notar justamente tus necesidades y hacerlas desaparecer exactamente en el momento que las quieres. Eso cuando se trata de las cosas pequeñas, pero... ¿quién responde cuando se te descomponen las cosas grandes? Digo, justo cuando estás en la regadera abriendo las llaves para recibir el agua en la cara... te quedas esperándola, ¡¡porque el tinaco está vacío!! Cuando quieres ir de emergencia a un lugar y el carro se descompone, o bien, ¡¡cuando quieres grabar un cd y tu quemador no sirve!! (jamás en la vida grabo cd's, justamente ahora me tenía que pasar esto) Ahora, ¿qué tal cuando te hallas sentado ocioso frente a la calle y ves pasar mil camiones para ambos lados? No, pero justamente cuando quieres que pase el autobús que te puede llevar a tu destino ¡¡no pasa!! y, contrariamente, pasan mil y un camiones que van justo del otro lado. Es más, les comentaré que conozco a alguien que se cruza la calle para atraer los camiones que puedes tomar del otro lado y así, cuando ya lo ve venir, se regresa a donde estaba y toma el autobús. Entonces... seguramente es la ley de murphy. Cuando te la cuentan te hace reír, pero después notas que tiene algo de cierto, si no, pregúntale a tu impresora cuando se le acaban los cartuchos de tinta y querías imprimir, a tu maestro que se fue de viaje cuando querías asesorías (nunca vas), al tonto que se pone la misma camisa que nunca te pones justo el mismo día, o a la lluvia cuando se te olvida el paraguas, o sino a... by N i T a at 10:23 a.m. |
* Ataque del espacio público * | Tuesday, April 1, 2003
Hace unas cuantas noches estaba esperando que el autobús me rescatara de cuerpo y de mente de la oscuridad de la noche y me acercara al anhelado hogar, vaya, no me envolvía en pensamientos profundos; pero en ese momento fui testigo de un acto de completa irresponsabilidad e inconciencia en primer grado: un tipo inepto, pasando a unos 80 km/hr en una avenida recurrida por transeúntes, abrió la ventanilla para arrojar al frío asfalto una lata de refresco vacía.
¿Qué pasa con esta gente? ¿acaso el hombre no sabe que el aluminio no es biodegradable y menos por un conjunto de asfalto en mal estado? No pude hacer nada en ese momento... pero entonces me puse a recordar situaciones que tenían que ver con esta desagradable fabulosa actuación de un ciudadano. Qué triste es entrar a un sanitario de uso general, cuando realmente te crees el cuento de que estás inmiscuido en una sociedad universitaria con personas de más o menos un alto nivel educativo y de buena conciencia, después te das cuenta que no es cierto, todo esto se va por los suelos cuando entras y observas los excusados completamente sucios. ¡¡ES HORRIBLE!! ¿acaso no se darán cuenta de que el sofisticado sistema automático de limpiar el excusado a veces no funciona? ¿acaso no son capaces de apretar un solo botón para solucionar este problema y dejar el excusado limpio? Es increíble que la inconciencia de las personas llegue a este punto. Ejemplos sobran. Podemos mencionar también a los ociosos que se encargan de decorar las paredes de un edificio público con corazones y firmas. A los que fomentan que el significado de terreno baldío sea lo mismo que basurero público. A los que no les importa la cantidad impresionante de humo negro que sale por el escape de su auto. Los que destruyen las áreas verdes de un parque después de un mal manejado pic-nic. Los irresponsables que abandonan una mal criada mascota a su suerte en una ciudad ya de por sí sobrepoblada con fauna callejera, cuando el hombre ha sido el culpable de que estas especies estén ahí; incluso hay quienes disfrutan de atropellarlas. Simplemente no comprendo por qué la mayoría de las personas no logran mantener una ciudad, con todos sus espacios públicos, en las condiciones deseables para todo habitante de la misma. No consideran a un lugar de acceso general como si fuera su propia casa. No se preocupan por la limpieza o la buena imagen de una propiedad por el sencillo motivo de que no les pertenece. Ese es un pensamiento egoísta del que nos es tan difícil librarnos y al parecer estamos condenados a llevar sobre nuestros hombros por mucho tiempo más. Pero aún pienso que no es tan difícil, ¿qué dificultad puede haber en guardar una bolsa de basura en el auto?, ¿en ceder el paso a un vehículo que sale de un estacionamiento en lugar de no dejarlo pasar? o ¿en ceder el paso a un peatón?, ¿en dejar de contaminar el río cercano?, ¿en creer por un momento que el lugar en el que nos encontramos es nuestra propia casa y proporcionarle un cuidado parecido?... no lo sé... quizás sí es difícil y no me he dado cuenta de ello. by N i T a at 10:16 a.m. |
* Miedo * | Sunday, March 30, 2003
Fue curioso que, cuando era pequeña, el mayor de mis miedos era la caminata nocturna por el amplio pasillo a mi habitación en medio de una negra y tétrica oscuridad. Se me figuraba que algún monstruo extraño me perseguía y entonces corría para acortar el temible camino. Hubo noches en las que no podía dormir, había veces que se me figuraba ver cosas que no estaban ahí, rostros y presencias extrañas perturbando mi mundo. Tanta fue la intensidad de este temor que mis padres se preocuparon por eso... sólo recuerdo a una mujer con un montón de hierbas mojadas con agua bendita en la mano, recitando algunas frases extrañas, metida en mi cuarto y remojando cuanta cosa se le ponía enfrente, desde los cuadros en la pared hasta los zapatos tirados en el suelo. Además me obsequió un retrato de mi ángel de la guarda aconsejándome que le hablara todas las noches. Desde entonces la oscuridad dejó de darme miedo.
Miedo... qué palabra tan extraña que puede envolver tantas cosas, desde traumas de la infancia hasta falta de seguridad en alguien adulto. Al menos alguna vez en la vida hemos sentido miedo por algo: miedo a caerte de los patines si tu hermano te suelta la mano mientras te enseña cómo hacerlo, miedo a que tus papás se enteren de que te fuiste de pinta en lugar de ir a la escuela, miedo a que te cachen copiando en el examen, miedo a no estar marcando la carrera correcta en esa solicitud de admisión que estás llenando ahora, miedo a no conseguir amigos, miedo a ser decepcionado, miedo al rechazo, miedo al olvido, miedo a las alturas, miedo a los espacios pequeños, miedo a las bestias que se te aparecen en los sueños y cuando despiertas te persiguen para siempre, miedo a la soledad, miedo a la muerte... Pero alguien dijo alguna vez que el miedo que le tenemos a algo es porque no lo conocemos aún, que la mejor manera de terminar con él es enfrentarlo, dar la cara y luchar en su contra. Probablemente muchos de los miedos sí se venzan así, pero estoy convencida de que hay algunos a los que no... simplemente al mencionar el miedo de cometer el mismo error otra vez. Pero entonces éstos nos ayudan a conocerlos mejor y a saber controlarlos. No es malo tener miedo, sólo que hay que saber cómo vivir con ellos sin que nos dobleguen la felicidad y nos desvíen del camino deseado. Se puede tener miedo, pero ¡no se vale huir de él!, porque puede ser que por alejarte estés dándole la espalda al éxito, a la experiencia, a los logros y a la vida. Hace algunos años tuve miedo a los peligros de la gran ciudad, ahora ya no me agobian porque he aprendido a evitar las situaciones que me lleven a ellos. Tuve miedo a perder un amigo, y lo perdí cuando perdí una amiga, pero supe que los amigos que se van sin que yo les diera motivo alguno no valían entonces la pena... aunque aún duele perderlos. Tuve miedo a la soledad, pero ése lo perdí cuando estuve sola y aprendí a sacarle provecho. Tuve miedo de reprobar, y eso pasó y me enseñó una excelente lección para no volver a cometer ese error. Tuve miedo de ser rechazada, ese miedo ha desaparecido en ciertas situaciones, pero en otras aún continúa y no he aprendido a sobrellevarlo. Aún tengo miedo de caerme de los patines de hielo y de tirarme del bungee... pero esos miedos irrelevantes no los quiero enfrentar, al menos no ahora. Antes tenía miedo a decpecionar, pero ahora el miedo ha cambiado a que me decepcionen. Aún temo por los males que ocurran a mis seres queridos, aún temo a los errores del pasado y una vez confesé que, mientras más les vuelvo a enfrentar, más miedo les tengo. Sí, quizás él estaba más sensible de lo normal, pero estaba ahí tendido en el sofá con la mirada fija en el techo, los brazos extendidos y el corazón abierto, entonces dijo: - Tengo miedo - ¿Miedo a qué? - A enamorarme... otra vez - ¿Por qué? - Porque pueden destrozarme el corazón pensé en ese momento que ése podría ser el peor de los miedos. Pero me pregunté por qué y lo generalicé de esta manera, volviendo al tema de líneas atrás: el peor de los miedos es tenerle miedo a las cosas que te está ofreciendo el cielo y que las rechaces, las alejes, tomes otro camino en donde no encontrarás esas bendiciones nunca jamás... y ni siquiera podrás saberlo. Puede ser también que te equivoques y, por querer aferrarte a una idea preciosa, tomes ese sendero y no sea lo que esperabas, pero entonces habrás ganado la experiencia y los recuerdos que, siempre que vuelven, te arrancan una sonrisa... quizás ganes más miedo, por no querer olvidar lo malo y quedarte con eso que te hará alejarte de las sendas que pueden ser el camino que habías estado esperando, y tampoco lo sabrás... pero creo que eso es peor. Este es el miedo al fracaso. Le sonreí... y no pude más que contestarle: - Es un riesgo que siempre se tiene que correr by N i T a at 10:07 a.m. |
* Apagón * | Tuesday, March 25, 2003
Toda la gente estaba ensimismada en sus propias labores, parecía que el monitor les practicaba un conjuro hechizante a cada uno de ellos, a esa persona que tenía frente, para que no despegaran la vista de ese lugar y olvidaran por un momento el mundo real en el que se encontraban porque estaban navegando por el mundo cibernético que, en estos días, se ha vuelto imprescindible para muchos jóvenes, para muchas actividades y para tantas cosas que el ser humano realiza.
Yo misma me hallaba embelesada con el monitor por el presionante trabajo encima, con el tiempo de por medio y con una alarma de automóvil perturbándome la mente... llevaba más de una hora sonando y la chica dueña del vehículo miraba angustiada su auto con el cofre levantado... o eso vi cuando me asomé por la ventana. En ese momento una conocida canción resonaba en toda la sala de cómputo, aunque parecía no importarle a ese chico con audífonos del cual alcanzaba a oír su privada elección. Nadie hablaba, la chica de allá chateaba, el de rastas del otro lado editaba una fotografía, la de la montaña de libros de atrás redactaba un documento larguísimo, en fin... pero en ese instante se fue la luz. No se hizo esperar el grito general de desesperación, las maldiciones, las risas, los saltos... la chica de los libros no había guardado su trabajo, el de la foto había tardado horas en editarla y ni siquiera había podido guardarlo, la del chat volteó a ver a los compañeros sentados a su lado por primera vez en horas. La luz no llegó en los primeros 5 minutos y lo único que nos alumbraba ahora eran las luces de batería situados en las esquinas de la sala. Me asomé a la ventana y la chica de la alarma había logrado apagarla y estaba a punto de irse. No podíamos hacer nada, más que esperar si queríamos recuperar nuestros trabajos. Entonces la sociabilidad comenzó a hacer presencia en esa sala de cómputo, la gente comenzó a conversar con la persona que tenía al lado (muchos ni la conocían), empecé a oír risas, conclusiones de qué había pasado con la electricidad, quejas de las horas de trabajo perdidas... había tantas cosas en común. Pero entonces las luces de batería se apagaron por completo y todos quedamos completamente a oscuras... no había más luz. Ni siquiera podía identificar a la gente que se encontraba a más de 2 metros de mi vista, no se veía absolutamente nada. De repente lo que minutos atrás me había parecido un simple lugar relleno de computadoras me hizo notar a la gente que había ahí. Increíble cómo puede afectar la modernidad a las personas, limitarles su capacidad social; llegas a una computadora, te sientas y te olvidas de la gente de alrededor... ahora era distinto. Mi celular sonó en ese instante: era mi amiga preguntando por mí y por el trabajo, su clase se había cancelado, no había luz en ningún lado. Me sorprendió tener que gritar para que me oyera, pues el tumulto alrededor no me dejaba conversar... cuando en otra situación todos los que estaban ahí pudieron bien haberse enterado de mi plática por muy discreta que quisiera ser. Había sido un cambio drástico el convertirse de una sala repleta de cuerpos inertes hipnotizados por una computadora a un aula llena de personas que conversaban a voces altas y se percataban de la gente de alrdedor. Mi amiga llegó por mí y por fin salimos de ese lugar repleto de tanta gente que aún esperaba el regreso de la electricidad... ¿o era porque la sociabilización que entablaban ahora les parecía tan interesante como para abandonarla? No importa... salimos envueltas en una oscuridad negra y tenebrosa por entre los pasillos de edificios altos e imponentes como nunca antes nos habían parecido. Impresionante... la electricidad es muy influyente estos días. Nos mantiene dependientes de ella, nos hipnotiza y es capaz de mantenernos quietos y sentados frente a una pantalla por horas y horas, sin pronunciar palabra. No quise imaginar dos siglos atrás cuando a determinada hora existía el toque de queda. Ahora lo único que me importaba era recuperar mi trabajo al día siguiente... - para mañana ya debe haber luz, seguro que para mañana ya habrá luz. by N i T a at 01:12 p.m. |
* Efecto 14 * | Sunday, March 16, 2003
De un mundo ya muy olvidado regresó una mirada, de un lugar al que me prometí no volver jamás... lo he logrado con el tiempo. Después de los años ese pasaje de la historia estaba ya muy empolvado, tanto que la cubierta me hacía no recordarlo siquiera. Era una herida bien cicatrizada, de la que no quedan marcas en mi piel, que ya no duele cuando la tocas, de la que sólo quedaron las experiencias para no abrirla otra vez.
De ese mundo lejano que pasé hace tanto tiempo... regresó una mirada. De repente el agradable ambiente que me rodeaba se me redujo a esa sola persona, por unos momentos, al hablarme de ese pasaje de la historia tan cubierto por el olvido. No pude hacer nada más que escucharle, más que sonreírle ante sus lágrimas, más que asegurarle que no existían los rencores ante sus sinceros perdones y más que recibirle al estallarme en un abrazo... no pude hacer nada más. Fue una inédita sorpresa, completamente inesperada, y todos los que nos hicieron un espacio y quisieron desentenderse de nuestro asunto no supieron que yo estaba aún más sorprendida que ellos. Solo podía reír quedamente, sólo podía asegurarle que todo estaba bien, que todo en esta vida pasaba por algo y que al menos una vez en la vida la regamos. Quizás fue el peso del tiempo sobre sus hombros, la falta de superar algo que yo, gracias al cielo, ya había superado, quizás la melancolía de las relaciones fallidas, quizás el maldito alcohol retorciéndole las ideas en la cabeza, qué se yo... o quizás fue el efecto 14. by N i T a at 06:12 p.m. | |
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